Por qué Corea, por qué el Norte

Un hombre, cuando algo decente vibra en su interior, busca el entorno adecuado en el que cree que florecerán sus tesoros interiores. Ese lugar, cuando es un paraíso social, una mancomunidad sin clases sociales, polarizada sobre una estética de pureza y buen gusto, unificada en torno a un líder incomparablemente justo, sabio y firme (camarada Kim Jong Il, a quien debe su nombre la flor sintética “kimjongilia”, que a su vez fue elegida para bautizar a este blog), ese lugar, cuando reúne esas condiciones, es el país oficialmente llamado República Popular Democrática de Corea (RPDC), conocido vulgarmente en Occidente como Corea del Norte.

Las infinitas virtudes de su revolución socialista merecen qué menos que una bitácora en la que sucesivas alabanzas canten aquello que en Occidente apenas se menciona. Recordar que existe un Estado olvidado por la necedad del mundo capitalista será mi misión, lírica las más veces, especulativa en el resto.

Pero una cosa téngase clara: jamás con unas pocas palabras mal trabadas podrá hacerse justicia a la grandeza que sólo puede expresarse mediante la acción, mediante la disciplina y mediante la sabia organización política a nivel nacional. Sólo una nación de grandes hazañas en su haber puede rendir homenaje a su propia historia y a sus propias conquistas. A ella, mis respetos y mi sentida reverencia.

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